Un pedazo de madera. No era un trozo de los buenos, sino un simple trozo del montón, de esos que por el invierno se ponen en las estufas o en la lumbre para encender el fuego y calentar las habitaciones.
Pero era un tronco que se echaba a llorar, gritando como un niño y pidiendo ayuda cuando se le golpeaba con un hacha para cortarlo.
Así pasó de mano en mano hasta llegar a Gepetto, un viejo escultor. A este se le ocurrió la idea de hacer con sus propias manos una hermosa marioneta de madera, una maravilla de marioneta llamada Pinocho.